UNIVERSIDAD ALFONSO REYES
LICENCIATURA EN FORMACIÓN INFANTIL
Alumna: Estefany Adday Salazar Téllez
Matricula: F- 29 72 Grupo: 3°
Materia: Tecnología educativa
Catedrático:
Gustavo Villarreal
SAN NICOLAS
DE LOS GARZA A 30 DE SEPTIEMBRE DEL 2012
Introducción
Esta investigación habla
sobre el ensayista, crítico,
poeta y narrador mexicano Alfonso Reyes, hijo de Bernardo Reyes,
gobernador de Nuevo León, y figura muy cercana a Porfirio Díaz, tuvo una
infancia rica en lecturas y experiencias vitales. En la ciudad de México
perteneció al brillante grupo intelectual de la Escuela Nacional Preparatoria.
Junto con Henríquez Ureña, Antonio Caso y José Vasconcelos fundó el Ateneo de
la Juventud, agrupación cultural que pretendía un México moderno y
contemporáneo del mundo.
Esta investigación nos sirve
para tener más conocimientos acerca del mismo así como también para tener en cuenta los distintos libros que
Reyes ha narrado como por ejemplo en 1909, fundó, con otros escritores, el Ateneo de
la Juventud.
Alfonso
Reyes
(Monterrey, 1889 - Ciudad de México, 1959) Ensayista, crítico, poeta y
narrador mexicano, relacionado con la mejor tradición literaria occidental,
desde la antigüedad grecolatina hasta las creaciones de Mallarmé y la estética
simbolista. Ejerció un notable magisterio en la cultura de su tiempo, promovió
la fundación de sólidas instituciones dedicadas a la difusión del conocimiento,
y marcó la obra de casi todos los escritores mexicanos posteriores a él, como
Octavio Paz y Carlos Fuentes.
Hijo de Bernardo Reyes, gobernador de Nuevo
León, y figura muy cercana a Porfirio Díaz, tuvo una infancia rica en lecturas
y experiencias vitales. En la ciudad de México perteneció al brillante grupo
intelectual de la Escuela Nacional Preparatoria. Junto con Henríquez Ureña,
Antonio Caso y José Vasconcelos fundó el Ateneo de la Juventud, agrupación
cultural que pretendía un México moderno y contemporáneo del mundo.
Siendo aún muy joven concluyó la carrera de
leyes y partió a Europa, hondamente afectado por el asesinato de su padre,
durante la etapa de la Revolución mexicana que marcó el fin del gobierno
democrático encabezado por Francisco I. Madero. Como miembro del servicio
exterior mexicano se afincó en París en 1914, y allí publicó su volumen Cuestiones
estéticas. Estudiar los fundamentos de la creación poética y literaria fue
una preocupación recurrente de su obra a lo largo de medio siglo.
A consecuencia de la primera guerra mundial
se trasladó a España, donde compartió trabajos y experiencias con Juan Ramón Jiménez,
José Ortega y Gasset y Ramón Gómez de la Serna. En esa etapa perfeccionó su
manejo de la lengua española, uno de los rasgos que caracterizaron su estilo:
riqueza de vocablos y giros expresivos, construcciones gramaticales poco
frecuentes, uso de arcaísmos y matices delicados del significado.
Con Visión de Anáhuac (1915) conjuró
cualquier acusación de extranjerizante. Esa obra se considera una de las
visiones más lúcidas y poéticas del México prehispánico y es, hasta la fecha,
lectura obligada en los cursos de cultura mexicana. Promotor de una
"aristocracia del pensamiento", ofrecía un colorido sincretismo de la
cultura occidental y la raíz indígena, dominado por la tríada platónica: la
verdad, la bondad y la belleza.
Para 1927 ya era embajador en Argentina,
donde impulsó la obra del por entonces joven Jorge Luis Borges, quien puso a su
consideración el manuscrito de El Aleph y le profesó agradecida
admiración el resto de su vida. Tras una estancia en Brasil, donde escribió el
volumen Romances del río de enero (1933) se afincó definitivamente en
México en una casa-biblioteca, hoy museo dedicado a él, que lleva el nombre de
Capilla Alfonsina.
Durante los veinte años siguientes alcanzó el
máximo impulso creativo, y su figura de educador se consolidó plenamente. Autor
de una obra poética celebrada por sus contemporáneos y las generaciones
posteriores, y de una obra de ficción escasa pero interesante, obtuvo no
obstante sus mayores logros en el campo del ensayo, donde abordó los más
variados temas: la teoría literaria, la historia de Grecia, la novela policíaca
y las raíces históricas de México. Entre éstos cabe destacar Cuestiones
gongorinas (1927), Tránsito de Amado Nervo (1937), La experiencia
literaria (1942), El deslinde (1944) y Los trabajos y los días
(1946).
En un conjunto apabullante de libros
(compilados a excepción de los voluminosos Diarios y una amplísima
correspondencia en la serie Obras completas que publicó, en 28 tomos, el
Fondo de Cultura Económica) su escritura mantiene un tono siempre atractivo,
aleccionador y consistente, con momentos de brillo excepcional, como en el
poema dramático Ifigenia cruel (1924), sabia asimilación de la tradición
griega, o en el cuento La Cena (incluido en El plano oblicuo,
1920), precursor del realismo mágico y muy cercano al relato largo Aura
de Carlos Fuentes.
Relevante es también la Oración del 9 de
febrero (1963), texto dedicado a la muerte de su padre, que apareció
póstumamente. Lo mismo escribió sobre el arte culinario (Memorias de cocina y bodega, 1953) que
operetas ligeras y humorísticas o poemas satíricos. Entre sus obras de ficción
son notables Árbol de pólvora
(1953) y Los tres tesoros
(1955), argumento cinematográfico inspirado en un relato de R. L. Stevenson.
Miembro
de la Academia Mexicana de la Lengua y del Colegio Nacional, fue fundador del
Instituto Francés de América Latina y de El Colegio de México, uno de los
centros académicos de alto nivel más prestigiosos del país. Por su casa
transitaron Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, los hermanos Henríquez
Ureña, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia y J. Gorostiza, entre otros.
Conclusión
En
conclusión esta investigación nos dimos cuenta que Reyes, formado en el Ateneo de la Juventud de México,
compartía reflexiones con Pedro Henríquez Ureña, Antonio Caso, José
Vasconcelos. Ideas comunes los unen: la preocupación americanista, la identidad
mexicana, la necesidad de abrir nuevos modelos de especulación. El ensayo
encuentra en Alfonso Reyes un formidable representante porque supo imprimirle,
en el vislumbre de su talento personal, el sello natural de su doble condición
de pensador y artista creador. Reyes fue poeta en su prosa reflexiva, se adentró
en los más variados temas con espíritu clásico pero también innovador.


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